lunes, 4 de febrero de 2019

El Papa pide libertad religiosa en Emiratos Árabes

Era la primera vez en la historia que un papa visitaba un país de la península arábiga. La cuidada puesta en escena estaba pensada para la televisión. Judíos, musulmanes y ortodoxos sentados mezclados en una grada blanca y música new age sonando de fondo.

El Papa aterrizó en helicóptero y llegó de la mano del emir de Dubai y primer ministro de EAU, Mohamed Bin Rashid al Maktum, y del Imam de al-Azhar. Una gran propaganda para el EAU —las organizaciones humanitarias como Amnistía Internacinal y Human Rights Watch— criticaron que se use la visita para tapar la verdadera represión— y un símbolo del camino elegido por este papado, que pretende devolver vigor al catolicismo a través de la reconciliación y una cierta lucha social.

La visita de Francisco a Emiratos Árabes Unidos (EAU) es considerada una oportunidad para el país emiratí para mostrar su relativa apertura y tolerancia, especialmente respecto a sus vecinos de la península. En un discurso largo y más directo de lo habitual, Francisco elogió esos avances, pero no escatimó referencias a la mayoría de carencias que todavía constriñen los derechos y libertades del país y de sus vecinos. En un gesto insólito y dirigiéndose a todos los estados de la península arábiga (lo subrayó al inicio del discurso), resaltó la importancia de permitir la libertad religiosa plena para poder mantener una relación de reciprocidad.

EAU es mucho más abierto que sus vecinos: permite la libertad de culto, pero no existe la libertad religiosa: la posibilidad de hacer proselitismo o cambiar de religión.

“La libertad [religiosa] no se limita solo a la de culto, sino que ve en el otro a un verdadero hermano, un hijo de mi propia humanidad que Dios deja libre y que, por tanto, ninguna institución humana puede forzar, ni siquiera en su nombre”, afirmó Francisco.

Los EAU, que implantaron en 2016 el Ministerio de la Tolerancia, representan un espejismo de relativa apertura en la península arábiga. Pero se mantienen los privilegios de sangre y el desequilibrio social. La mayoría de los cristianos del país son extranjeros —filipinos e indios mayoritariamente— que llegan como trabajadores. Bergoglio también pidió para ellos los mismos derechos. “Además de las habilidades profesionales, les brindan la autenticidad de su fe”, apuntó.



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