lunes, 15 de octubre de 2018

Rusia y Ucrania convierten su conflicto en una guerra religiosa


La Iglesia ortodoxa rusa anunció, hoy, que rompe sus lazos con el Patriarcado de Constantinopla. La decisión rupturista, es una reacción a la decisión del patriarca de Constantinopla, Bartolomé I, de concederle la autocefalia (independencia) a la Iglesia de Ucrania.

Esta decisión supone un cisma dentro de la segunda religión cristiana con fieles en el mundo (unos 300 millones).

En abril de este año, un grupo de ortodoxos ucranianos, con el apoyo del presidente de su país, Petrós Poroshenko, le pidió a la Iglesia ecuménica de Constantinopla la mencionada autocefalia.

En tanto, Moscú sostiene que la primacía de Constantinopla es solo una formalidad y que las decisiones referentes a las autocefalias deben ser tomadas en conjunto por todas las iglesias ortodoxas.

En este sentido, la jerarquía de la Iglesia ortodoxa rusa manifestó que "las relaciones clericales con Constantinopla son imposibles". El líder del departamento de relaciones exteriores de la Iglesia ortodoxa rusa anunció a los periodistas la ruptura de relaciones entre las dos iglesias.

El Kremlin también había expresado su descontento y oposición a cualquier movimiento que conduzca a una división en el seno de la fe ortodoxa.

La escisión puede suponer para Rusia una disminución de hasta el 40% de sus fieles ya que más de un tercio de los ortodoxos de la Iglesia de Moscú son ucranianos.

Desde la época imperial de los zares la Iglesia ortodoxa rusa ha sido identificada con el Estado.

Hoy en día, la Iglesia ortodoxa rusa, y en particular su patriarca Cirilo I, comparte muchos de los mensajes nacionalistas y patrióticos del presidente Putin. En particular esa idea del "mundo ruso" bajo el que Bielorrusia, Ucrania y Rusia son un solo y mismo pueblo con una única iglesia y cultura.

Ahora, la independencia eclesiástica de Kiev amenaza con romper el último vínculo relevante que Rusia tiene con su antiguo imperio.


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